Dia Mundial del Libro

En el Dia Mundial del Libro, propongo tres fragmentos de mis libros a tod@s aquell@s a quienes les gusta la lectura y que consideran que −en este mundo trepidante− leer unos minutos no es una pérdida de tiempo, sino un enriquecimiento más. Toda lectura −buena o mala− es portadora de un mensaje, es un pequeño mundo. Espero tu comentario y comparte, ¡por favor! Fraternalmente.

I − CABELLOS DE ONDINA

Lindos peines de concha,

horquillas saltarinas,

duermen junto a la redecilla fina;

el cabello reluciente y sedoso

desciende por mis hombros,

sensual cubre mis senos,

se abandona en mi talle perezoso

esperando las caricias de mi esposo.


Tu sabes, José mío, que antes de irme a acostar,

solía por la noche el pelo cepillar,

me gustaba que me pudieras admirar.


Cierro los ojos y siento tu mano

lentamente por mis cabellos resbalar,

dulce caricia llena de ternura,

ese instante que esperas con premura,

cuando mi moño – esposo bien amado-

severo y bien peinado,

al fin de las horquillas liberado

sinuoso desciende hasta mi cintura,

cual una ondina que te atrae y fascina.


Y te imagino con emoción susurrar:

“Por ti no veo el tiempo pasar

sigues tan bella como una doncella,

tu grácil figura inspira ternura,

lo que más me fascina

es ese bello cabello de ondina…

¡no lo cortes por nada,

prométeme que tu cascada de ondina

la guardarás y que jamás la cortarás.”


Tristemente abro los ojos amado,

porque sé que ya no estás a mi lado,

pero jamás el pelo me he cortado,

que con este cabello venerado

yo te seguiré recordando y amando…

“Entre Amor y Odio”. In memoriam a un republicano” (Amazon)

 

II – La Quinta Pedregal

(…)

Aquella misma noche comenzaron las represalias y las visitas intempestivas de los falangistas, como en casa de José y del portero de la fábrica, un buen hombre de Villalegre, que tantas veces mantenía conversaciones con Solano a la puerta del trabajo. De toda la redada sólo se habían salvado dos obreros. Uno de ellos era Cipriano.

−Cipriano, necesito saber lo que le ocurrió a José en la finca.

−Bueno Isabel, yo quería mucho a José y te juro que no he encontrado persona más buena que él, pero lo que te puedo decir te va a apenar. Si no hubiera pasado lo que pasó, hoy tu marido estaría trabajando tranquilamente.

−Y los otros también, Cipriano, que por desgracia José no fue el único. Dime lo que pasó.

−Lo que yo pude ver es que estábamos allí detenidos unos cuantos obreros y un falangista lo estaba maltratando, mientras le gritaba: “Di que sí”, pero José le contestaba que “no”. No había quien le hiciera decir que sí, y el que lo interrogaba se iba poniendo cada vez más nervioso, así que le estaba pegando una paliza tremenda. El pobre ya sangraba por toda la cabeza, tenía un ojo cerrado y yo no comprendía por qué querían que dijera que sí.

Isabel no quiso interrumpirle, pero se dijo que Cipriano era un buen hombre inocentón, que nunca había comprendido la mayoría de las cosas.

El hombre se detuvo para respirar y le temblaba la voz. Parecía que revivir aquellos momentos le era muy penoso. Después continuó relatando: “Cuando por fin lo dejaron, José parecía que estaba muy mal parado, le chorreaba la sangre y lo único que pedía era de beber. Todos teníamos miedo y nadie hablaba, además no disponíamos de agua, pero como tanto clamaba por el agua, yo me acerqué y le di una onza de chocolate que llevaba en el bolso. Era para que le calmara un poco la sed, pero cuando me acerqué ni siquiera me conoció y no cogió lo que le estaba dando; sin embargo, el falangista me separó de él y me dijo: “Apártate de este cabrón”, entonces yo le pregunté: “¿Qué me van a hacer a mí?”. Luego añadí que yo no sabía nada. Me respondió que volviera a casa, que ya no me necesitaban. ¿Y los otros van a salir también? −le pregunté.

−Eso ya se verá.

(…)

“El Silencio de los Vencidos. Clamor de inocencia”. (Avilés 1936−1944) (Segunda Edición. Amazon)

 

 

III − Visiones

(…)

Sentí el calor tibio de su presencia. FlorEncio, estaba a mi lado. No podía verle, pero una fuerza invisible me permitía notar un ligero peso sobre mis hombros, el contacto suave sobre mi piel, el abrazo envolviendo mis brazos, el roce de sus labios recorriéndome el cuerpo, la nuca, la frente, hasta llegar a mis labios. No se parecía en nada a una visión como las otras, porque mis ojos estaban ciegos, no veían nada. Aquello era algo muy diferente… era la comunión de dos almas que se encuentran en una encrucijada donde se confunde lo corporal y lo inmaterial. La comunión entre dos seres que no pertenecen al mismo mundo, pero que siguen ligados por un amor infinito, un amor espiritual indescriptible. Un amor total y perfecto.



Al alba vi penetras los cálidos rayos de sol, dándole un nuevo aspecto al desván, cincelando nuevas formas, jugando con los rincones, los resquicios de la puerta, del parqué de madera, alumbrando los muebles con un color acaramelado y aterciopelado, entrelazándose con las cortinas, coronando mi pelo blanco con un reflejo dorado. Era una aureola que me llegaba como un soplo travieso lanzado por el amor de mi vida. Por mi Luigi-FlorEncio.

Me di cuenta de que mi cerebro pensaba: Te quiero, te amo FlorEncio, siempre seré tuya, siempre, siempre…. Comprendí que mi esposo estaba emocionado, que respondía efusivamente a mi declaración como en un soplo invisible pero perceptible. Luego comprendí que se deshacía de nuestro abrazo, que se separaba dulce, suavemente de mí y que se alejaba lenta, muy lentamente, como una hoja ligera que se lleva el viento en una ascensión voluptuosa hacia el cielo. Hacia un más allá inalcanzable.

Mi corazón era incapaz de experimentar pena, ni abandono, ante tanta belleza, ante tanta pureza.

Todo rezumaba su presencia. Sólo entonces salí serenamente de la estancia.

(…)

“La señora Adela: El misterio del desván” (Amazon)

 

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Querido abuelo:

Esta es mi tercera carta y creo que la última.

¡No! No pienses que es por falta de cariño o de interés, abuelito.

El cuatro de febrero al pensar que hacía 80 años que te habían sacado de casa, torturado y asesinado, sentí deseos de gritar al mundo mi gran pena. Quise decirte lo mucho que te quería, lo mucho que siento no haberte conocido y no saber lo que es el cariño de un abuelo.

¡Se perdieron tantas cosas buenas, tanta felicidad con tu desaparición!

Mamá −que está ahora junto a ti− me amamantó con el ardor de su amor por ti, me amamantó con la veneración y el respeto que rezumaban de sus poros, que alentaban su vida… con las lágrimas derramadas por ti.

Y un día me decidí a hacerme el portavoz de tanto amor, de tanta pena, de tanta desazón, escribiendo mi poemario “Entre amor y odio. In memoriam a un republicano”. En tu memoria, abuelo y en el de la abuela Isabel. Era un regalo que le hacía a mamá.

Después hubo otro regalo más importante −compilando todos los testimonios de las víctimas en vida−, fue el libro “El silencio de los vencidos. Clamor de inocencia (1936−144)”. Porque ese silencio que duró casi cuarenta años, necesitaba hacerse clamor de vuestra inocencia, de tu inocencia, abuelo.

Mi amor fue más fuerte que el miedo de todas las agresiones que podía recibir por parte de los que pensaban de otra manera. En aquella ocasión lo expresé a través de unas líneas en la introducción del libro y que recibiste en mi última carta, abuelo.

Lo que no podía imaginar, abuelo, es que la repulsa a mis dos cartas viniera de nuestra propia familia. Por eso, esta será mi última carta. No busco ni rencillas, ni desunión. Sólo paz, concordia…  amor por ti abuelo, por los que estáis ahí… y los que estamos aquí.

Pero, nadie podrá impedir que os siga queriendo, recordando y clamando por tu inocencia.

Mamá me pasó el relevo de tanto amor y yo lo cogí, ignorando el más mínimo interés material, porque ella fue la única beneficiaria.

Por eso abuelo no me arrepiento de haber escrito esos libros y ¿sabes una cosa? La segunda edición del libro de “El silencio de los vencidos” ya está lista, para los que siguen reclamándolo.

Sé que yo no podré pasar el relevo a nadie. Pero están ahí esos libros, esa será mi humilde herencia.

Dentro de uno años, esos libros estarán olvidados en un cajón, en una estantería, en un desván. Pero si alguien, al querer hacer limpieza, al querer desembarazarse de las cosas inservibles, por casualidad abre uno de ellos y lo ojea y se engancha… y lo lee; si al final exclama con emoción: ¡Nunca jamás!, habremos ganado una batalla abuelo… y os abrazaré a todos −mis queridos antepasados inmolados en aras de un odio fratricida− con el alivio de haber hecho algo justo en mi vida.  

Entonces yo y todos vosotros descansaremos en paz.

Un beso, abuelo querido, hasta siempre.

Nota

Lanzarse en la autoedición, maquetar completamente un libro, (como en la segunda edición de “El Silencio de los vencidos. Clamor de inocencia”, de 534 páginas y más de 60 fotografías) cuando no se es un profesional, supone un trabajo muy largo. Se necesita mucha determinación, voluntad y tenacidad tratando de salvar obstáculos que nos parecen insalvables.

Si mi motivación fuera la de “lucrarme con esta historia tan triste”, hubiera abandonado (hubo momentos de desánimo, de abandono, pero empecé de nuevo). Fueron horas de trabajo que no se pueden cuantificar ni pagar… pero lo hice porque estaba movida por el amor, por el sentido de justicia, por el respeto.

Respeto por todas las personas que aparecen en esta historia. En ningún momento nombro a los enemigos que cometieron los desmanes, los crímenes. Nombro únicamente al jefe de la Falange Rosales, porque él también cayó bajo las balas de un comunista fugitivo; los demás fascistas llevan nombres ficticios o cito sencillamente sus iniciales.

Los hechos están vistos bajo el prisma de las víctimas directas que sobrevivieron, son sus testimonios.

Eso es justicia. Nada más.

Carta abierta a mi abuelo José Solano Querido abuelo: Hoy se cumplen los ochenta años en que te sacaron de casa de madrugada “para declarar” y tu familia no volvió a saber de ti. Ochenta años… son muchos, pero no has caído en el olvido. Ahora la abuela Isabel y tus ocho hijos ya están a tu lado, ya estáis unidos. Y yo, tu nieta, que nunca llegó a conocerte, quiero expresarte todo mi cariño… el amor que me transmitió mamá. Fuiste bueno y amante de tus hijos, eras alegre, jovial, buen danzarín de la jota y sobre todo hombre solidario y fraternal con los que en aquella época sufrían. Eso es lo que quedó grabado en mi corazón. Por eso, te prometo Abuelo, que en este año 2018, te recordaré muy especialmente y que volveré aquí para charlar contigo, para deplorar la injusticia cometida contigo… con toda tu familia… Te lo mereces abuelo. Te quiero abuelitín. Tu nieta que no te olvida

— Mi ultimo libro: “La señora Adela o el misterio del desván”, consúltalo en Amazon Kindle. Mon dernier libre disponible sur Amazon. Maria Angeles Ovies Iglesias. Autora. (https://www.amazon.es/dp/B06WP49MZ8) .

via — Mi ultimo libro: “La señora Adela o el misterio del desván”, consúltalo en Amazon Kindle. Mon dernier libre disponible sur Amazon. Maria Angeles Ovies Iglesias. Autora. (https://www.amazon.es/dp/B06WP49MZ8) .

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maria.angelespublicaciones

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N’oubliez pas de consulter mes commentaires à propos de mon livre de poèmes “Entre Amor y Odio. In memoriam a un republicano”. Dramatique et poignant à vous faire verser des larmes, d’autant plus qu’il fait référence à une histoire vécue. (Il se trouve dans la Bibliothèque KDP d’Amazon. fr).

No olvideis de consultar regularmente mis comentarios a propósito de mi poemario “Entre Amor y Odio. In memoriam a un republicano”. Un dramatismo profundo que os hará llorar, sobre todo sabiendo que se refiere a una historia real. (Lo encontrareis en la Biblioteca KDP de Amazon.es

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No olvideis de consultar regularmente mis comentarios a propósito de mi poemario “Entre Amor y Odio. In memoriam a un republicano”. Un dramatismo profundo que os hará llorar, sobre todo sabiendo que se refiere a una historia real. (Lo encontrareis en la Biblioteca KDP de Amazon.es

Autora

“Entre Amor y Odio”

 El tema de este poemario, que comprende veintidós poemas, es el soliloquio mantenido por la viuda Isabel, con José Solano, unico amor de su vida y que fue un “desaparecido”, al perder los republicanos el Frente Norte.

Llama la atención la fuerza de un amor apasionado e indestructible en contraposición al odio experimentado por Isabel, contra los verdugos. Una diatriba que muestra en corage de  Isabel y  la lucha por lograr ella sola que los ocho hijos del matrimonio lleguen a ser personas honradas y libres.

Los poemas con una rima libre, narran la historia real  vivida por los abuelos de la autora. Una denuncia para que tales ignominias no sucedan “Nunca jamás”.